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Alguna vez

Permanecía sentado frente al sol, en el parque que da fondo a mi casa. Mis hijos dormían como les es habitual la siesta. Mi esposa recorría la tarde por alguna calle del centro comercial con una amiga.
Yo me dedicaba al comercio, precisamente poseía un quiosco, el cual me dejaba una salida monetaria lo suficientemente grande como para no trabajar los domingos.
Puedo recordar que era feliz o por lo menos entregaba todo mi poder a ese fin recordando que mi felicidad se basaba principal y casi totalmente en convertir en felicidad la vida de los demás (guardando solo para mí el sentimiento de ambición que todo ser humano guarda en su interior ocultándolo).
Al acercarse el atardecer el aire se mostró espeso, brillante, como cuando el agua refleja
el brillo del sol pero en lugar de sol y agua lo único que derramara luz fuese una nube de harina. El aire y la luz se materializaron en un ser pesado.
Sus ojos pesaron sobre mí. Todo fue un segundo; imagine mi mente.
Al verme nervioso me dio una mirada tranquilizadora y con vos gruesa y firme dijo:


- Soy el genio de Las Tierras Viejas. Recorro el mundo en busca de sueños. Reconozco el placer de hacer historia y de modificar la felicidad. Puedo y te concederé un deseo.

- Tan solo pido que seas mi esclavo - dije.

No pudo negarse.

 

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