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Casi eternamente

Él


El silencio enfrió su sangre en el momento que el metal penetró su vida. El silencio se reflejó en su espíritu enfriando el sentido de la vida.
Fue esa mujer en que él confiaba, la dulce y suave visita que el sol confía al horizonte diariamente. Es que ella creía en el indefinidamente y decidió tenerlo por la eternidad de su vida. Fue el miedo de perderlo o el frío pensamiento de ausencia lo que la amarró al puñal del final.
Rodó la sangre con incomprensión acompasada al rostro que se remordía de dolor, no por la herida de muerte sino por la herida que sangraba su amor. Se desvaneció con miedo. Sintió miedo al conocer a quien amaba, al creer que su amor era superficial y que solo se limitaba a unas pocas palabras. Él murió pero no murió solo. Murió junto a su sentimiento que se negaba a entender, que se desvanecía a medida que la luz se alejaba de su ser, sintiendo dolor por la perdida que sufría.
Sintió el frío que formaría la muerte al alejarlo de ella, pero más frío sintió porque ella era quien lo alejaba de ella. La sombra dio con el.



Ella


Su amor abrió la herida del fin que perdura hoy en su recuerdo, de un amor eterno más alla de la vida
Comprendió que el puñal lo acercaría más de lo que lo alejaría, dado que solo el olvido aleja a las almas.
Fue su miedo penetrante el sentimiento de entregarle fin y perduración infinita en su recuerdo. Es que lo amaba tanto que se volvía insoportable el sentimiento de no poseerlo en algún instante.
Entendió que el recuerdo duraría con ella más que él, desconociendo el verdadero sentimiento de tiempo que él tenía por ella.
Habría de esa forma un universo a sus pies, donde su recuerdo no se alejaría y duraría eternamente.

 

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