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Ciego para sordo

- Perdone que no la pueda ver; lo que sucede es que soy inmortal.
>>Gané la inmortalidad en una kermesse, más específicamente en un tiro al blanco donde conseguí este premio consuelo por errar el último blanco, el más grande, el de mayor tamaño y es así como colgué sobre mí este karma.
>>Fue un día muy extraño. Me desperté a las doce en punto de la noche y no pude dormir. Pasé la noche despierto, leyendo y viendo TV, mirando fijo la pared, intentando dormir sin darme cuenta que ocupando mi mente lo único que obtendría sería permanecer despierto y como esto le puedo citar una lista mayor a la que usted pueda imaginar. Quisiera ver su cara pero no puedo, todo porque soy inmortal entre mortales, porque no sangro a la más profunda herida y porque perdí gran parte de la fe que formaba mi vista.
>>Como le contaba, recorrí la madrugada despierto cargando sobre mi mente el más profundo sueño y por mayor que fuese el intento de dormir no pude lograr cerrar los ojos al sueño por miserable de los más miserables de los tiempos; que tantas veces sobra o que tan necesario se vuelve cuando escaso es. Perdone si pierdo mis ojos, es que no prefiero los anteojos a mi mismo, es que intento ser tal cual soy. Tal vez porque desearía ver a la gente como con mi pasada vista nunca pude ver; en lo esencial. Espero que me entienda.
>>Ya le decía. Pasaban las horas como si el tiempo indeciso hubiera congelado el reloj, su tictac era escaso en mi minuto mental. Pasaban los minutos de mi dormir despierto y el reloj marcaba el sonido de un segundo. El tiempo era de un pasar eterno. Mientras tanto jugaba a los tantos solitarios que conozco y para realizar más extraña la noche pude realiza un sueño, permitirme vencer las cartas en todos los solitarios. Para decir verdad en casi todos, ya que en el último no pude lograr vencer las figuras de las cartas españolas. Las contrariedades de la vida tengo por costumbre enfrentarlas de la de mayor dificultad a la de menor inconveniente, dejando para el final lo digerible, lo enfrentable, siendo siempre el final el momento de mayor cansancio. Perdone si la aturdo; lo que sucede es que no puedo más que hablar. Ya no puedo leer en las tardes soleadas, las que no reconozco como tales si no siento el sol de mi patio sobre mi rostro. Ya no puedo escribir, no es porque haya olvidado las letras o la función de las palabras en el formato de las frases; lo que sucede es que escribo y no se si escribo correctamente, no se si recorro el fin del renglón, no se si superpongo palabras y sobre todo no puedo verificar todo lo que escribo.
>>Prosigo. Le decía que superé todos los solitarios menos el ultimo, tal como ocurriría posteriormente. )Sería casualidad?. La verdad es que no creo que haya sido casual; nada de la suma total de todo lo sucedido aquella noche debe haber sido casual, eso creo. Pasaba el tiempo lento en vida, tal lo definía el reloj. Distinguí por última vez la primera señal del sol sobre la oscuridad muerta. Así el tiempo comenzó a derretirse y a correr con mayor fluidez paralela y proporcionalmente con el aumento del calor del sol. Cierto es que fue el último amanecer que pude ver y el último sol que sentí. Lamenté mucho y sigo lamentando todo aquel tiempo desperdiciado despreciablemente, desprecio mi vista y me desprecio por no haber utilizado provechosamente mi muerto sentido: nadie sabe cuan doloroso ni tan valioso es hasta que se vive personalmente la pérdida. Me duele saber que pude ver cosas hermosas que deseché o ignoré y que no podré volver a ver sin imaginar.

>>Retomo mi relato. El tiempo congelado se derritió con el calor del sol que hoy puedo recordar. Pasó la mañana, el mediodía y parte de la tarde con normal fluidez. Todo continuó normal, tan normal como esta charla que mantengo con usted. Decidí, surgiendo la noche, ir a la kermesse que habían puesto temporalmente a no muchas cuadras de casa; llegué y me mezcle en la multitud (cosa que no me fue difícil) y pude divisar el tiro al blanco. Me dirigí directamente a la fila que no tardó mucho en despejarse. Pagué y tomé el rifle de aire comprimido; no pare de disparar hasta errar el último blanco, el más grande. El hombre que atendía me entregó un premio consuelo por haber herrado solo un blanco, el cual no era más que un muñeco y una tarjeta con un mensaje. El mensaje decía:

"Distinguible es la inmortalidad entre mortales y la vista entre los ciegos. El laberinto es extenso y profundo, oculto y oscuro es el camino circular que resuelve en cansancio y la dificultad.
Acéptelo o deséchelo."

>>Así y antes de dar palabras de afirmación que guardaba en mi mente fui ciego e inmortal.
>>Esa es mi humilde historia.



- Perdone que pierda parte de su historia, es que sus labios son muy veloces.
>>Perdone que no lo pueda oír; lo que sucede es que soy inmortal.

 

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