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Destino cierto

Cuentan los humanos (pero Alá sabe más) que el joven Harim practicaba la magia intentando sacar provecho.
Una noche, al combinar algunos de los inefables nombres de Dios cayó profundamente dormido y durante el trance soñó detalladamente toda su vida y su muerte.
Al despertar, el joven Harim sintió que todo le era repetido y ya no sintió ganas de experimentar con la magia.

 

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