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Instinto

La puerta se abría mientras la sombra se apagaba. Era niebla o una leve ceguera lo que dificultaba la visión. El transcurso del tiempo era liviano y solo se sentía por mi pensamiento lento e irreal que observaba de lejos. Aquella noche asfixiaba el reloj de la vida como si quisiera ocultarlo.
Sintiendose asfixiado cruzó el jardín casi mecánicamente. La niebla bloqueaba el infinito redefiniendo el espacio a un pequeño sector perceptible.
Sus ojos aparentaban vacío, como si no tuvieran vida y estuvieran guiados instintivamente.
Sus ojos ya no parpadeaban.

Cruzó el punto de luz y nunca más supe de él.

 

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