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Y los reyes van cayendo

Llegado el momento el Hombre se canso de ser maltratado, junto un puñado de hombres y comprendió la marcha. Los rumores se desparramaron y no tardaron en despertar en la gente el sentimiento de liberación. El grito de libertad retumbó en el viento.
Llegaron como ladrones, se infiltraron, se multiplicaron. Al atardecer el rey había caído.
La sangre inundaba las calles y los niños jugaban con las armas de los muertos lejos de toda razón.
Algunas mujeres lloraban sus muertos, el resto cerraba sus puertas al avance del gentío que se desparramaba impaciente y expectante.
El Hombre llegó hasta el trono, se sentó y comprendió que ya no era el sino el otro.
El pueblo sangró en sus armas y sufriría su dedo.
Al llegar a la habitación del rey se convirtió en su enemigo e hizo justicia.
A la mañana siguiente encontraron el cadáver en la habitación.

 

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